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Perfiles

Arantxa Martínez: Una editora llamada Arantxa

Por Diego Armijo

Desde Valparaíso a Santiago, Arantxa llega a la estación Pajaritos del metro, junto a ella su carrito de fierros reflectantes un tanto abollado por el uso cargando cajas con los libros de su editorial, Kindberg. Baja los escalones hacia el metro, luego de conseguir que algún santiaguino le prestara su bip!, pues ella olvidó la suya, y con un billete de luca pagarle, no recibiendo el vuelto, pasando bajo el torniquete el carrito, tratando de no quedar atrapada. Ya adentro apegada a las puertas que no abren, con toda la pinta de extranjera. Al llegar a la estación Universidad Católica, el mismo procedimiento, ese carro que va pesando cada vez más, hacia arriba por las escaleras, mucho calor, yendo a una feria de libro.


Zaragoza, España, la tierra de Goya, Amaral, Violadores del verso y Héroes del Silencio estambién el origen de Arantxa. Aunque es en Barcelona donde desarrolla sus primeras correcciones, y cuando ya la aburrió aquella ciudad, se largó a Chile, Valparaíso.

Aunque de largarse, dice Aranxta, podría haber sido cualquier otro lugar.

Berlín, Londres, París.


Entre dos tierras estás
Y no dejas aire que respirar

Entre dos tierras/Héroes del Silencio


Salir a fumar, a respirar, cuando en Pagano una, en Morgana un par, en Máscara la mayoría de las veces. Adentro, el vaso plástico a la altura de las caderas, subiendo para vaciarse y animar lo bailado. Ya tan igual a todos, Arantxa, junto a amigos, en esas casas destartaladas y subsuelos apestosos que son las discos, se vuelve porteña.


En España nace su primera hija, Olivia. En Valparaíso lo hace su editorial, Kindberg, y su segunda hija, Candela.

En un principio iniciando su familia junto al padre de Olivia, continuando luego con el padre de Candela.

En un principio teniendo como socia editorial a Jovana Skármeta con la que descubrieron desajustes al trabajar


Arantxa. Aransa. Aranza. Arancha.


Le encanta el lugar en las ferias de libro. Aunque a veces la expulsan a esquinas ciegas, donde la gente que visita ya está satisfecha con sus compras. Le encanta el contacto con lagente, ver aferrados sus libros en manos interesadas, buscar el brillo en ojos cuyo interés provocó en ella ofrecerles un descuento. Aunque hay gente barsa, o de frío corazón, de los cuales le tocan pocos, pero se entera, que llegan con la nariz respingada como alejándose de malos olores, y al preguntar precios se escandalizan con cualquier suma. Se adivina, no son público. Le encanta que sus libros vayan desapareciendo. Que a la vuelta a Valparaíso las cajas vayan más livianas, aunque mejor si no vuelve con ninguna, el carro bajo el brazo, felicidad. Le encanta hablar con los lectores, compartirles una libretita donde ellos pueden escribir lo que piensan de su trabajo, decirles, además, que el nombre surgió por un cuento de Cortázar.


“Por supuesto queda todavía la cosquilla, casi un calambre agridulce de eso a la llegada a Kindberg, el parking del hotel en el enorme hangar vetusto, la vieja alumbrándoles el camino con una linterna de época, Marcelo valija y portafolios, Lina mochila y chapoteo, la invitación a cenar aceptada antes de Kindberg, así charlamos un poco, la noche y la metralla de la lluvia, mala cosa seguir, mejor paramos en Kindberg”

“Lugar llamado Kindberg”-Julio Cortázar

Si se mira bien, hacia adentro del local, aparecen las pocas mesas desiguales con sus justas sillas. Canario. Paredes de adobe aguantado, pareciera, por afiches de eventos culturales ya acontecidos, carteles y dibujos del arte local, sumado a rayados sobre estos papeles que van arañando y dando color. Ahí, en una mesa, junto a un par de amigos, Arantxa. Hablan sobre las dudas cruzadas de proyectos sobre libros para el próximo año. Le entran dudas, dice, por un libro que no sabe calce con su catálogo. Kindberg, le dice el amigo que es crítico, tiene ya camino, y ese libro le da ecos, así sin leerlo, solo escuchándote, de que conversa con lo que ya has editado. Total, dice el otro, ya vas formando marca, cualquier libro será un Kindberg más mientras tú lo elijas. Se acaban chelas servidas, van por más. El Canario se sigue llenando de gente.


Ha publicado, hasta ahora, nueve libros.

El debut fue con Mis dos mundos, novela del escritor argentino, quien vivió muchos años en Venezuela y ahora hace tiempo en New York, Sergio Chejfec. Como se ve, un rumbo vital, similar al de su editora.

El siguiente, otro escritor extranjero, Enrique Vila-Matas, español, fue Perder teorías, extraño objeto entre ensayo y novela. (colofón: se terminó de imprimir…en el cruellest month de abril)

Hogar de Fernando Mena, su primer escritor chileno, y porteño, publicado por Kindberg, con una novela de crecimiento tardío.

Umami de la mexicana Laila Jufresa, riquísimo viaje literario hacia las lágrimas que se convierten en suspiros luego de perder a un ser amado. (colofón: se terminó de preparar en Valparaíso en las largas noches cercanas al We Tripantu)

La experiencia dramática, otra novela de Sergio Chejfec, donde una caminata, al igual que en Mis dos mundos, se convierte en muchos pasajes en donde perderse en la literatura. (colofón: se terminó de imprimir… en el quinto mes de 2018, 50 años después del mayo francés)

Kintsugi de María José Navia, la primera chilena, novela desarmada en cuentos, reflejo de una familia en trozos. (colofón: se terminó de imprimir…en noviembre de 2018,encomendándonos a todos los muertos y a todos los santos)

5, tercera vez Sergio Chejfec, una historia, sus pliegues y situación de escritura.

La comemadre del argentino Roque Larraquy, reflejos escabrosos en dos periodos en pudrición, donde el cuerpo humano es un objeto. (colofón: se terminó de imprimir…en plena primavera de la dignidad)

Sara de Maivo Suárez, chilena, asistente social, preocupada de la vejez en Chile, de la dificultad de vivir aquí.

(estos, perdón, son mis discursos al vender estos libros en ferias)


La mala suerte de una editora que tiene el pdf de un libro esperando en su correo, y se entera, al llevar varias páginas que pasan como espuma, ya internada en la máquina narrativa, al hablarle, al fin, al autor, se entera, que será publicado por otra editorial, de esas que abarcan todo como los niños egoístas, y no como ella, su editorial, que tanto cariño le hubiera entregado a ese libro, a ese encanto de libro.

Aun así se publicarán en este nuevo Chile tres libros de Kindberg.

Una música futura de María José Navia.

Los enfermos de Natalia Rozenblum.

Quisieran que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto de Manuela Espinal Solano.


Lo absurdo: Una feria de libro en Santiago. El primer lanzamiento es de una editorial que ha hecho de su nombre un concepto, sus libros desaparecen en individualidad. El libro es algo infantil, un artefacto para rallar. La autora no es autora. Se llena. Se venden montoneras. Los demás puestos están mirando. Aprovechando de tomar y comer del cóctel de lanzamiento. Aranxta dice no entender por qué, si el alto precio de ese en relación a los suyos, y tanto que le cuesta vender ahí.

Hubo de comprar el libro para sus hijas de todos modos.


Imaginar a Arantxa, su trabajo como una torre de diversos libros desparramados, sus manos que deben ir corrigiendo, editando, comentando, puliendo superficies, recogiendo calcetines, cultivando frases, regando las plantas del jardín, darle de comer al perro, pagarle los derechos a los autores, mover el carro, ordenar juguetes desparramados, revisar encajones el manuscrito rayado, revisar los cajones de sus hijas y sacar basura, eliminar correos con libros malos, ofrecer, sonreír, enojarse, enamorarse de las voces, admirar los diseños, elegir los colores, pintar paredes, ordenar libros por orden alfabético, tranquilidad por su catálogo, jugar con sus hijas, prestarles el celular, leer, corregir, editar, comentar, todo.


Ilustración de Vladimir Morgado